Ya que cuando lo leí en expresion oral, a todos pareció gustarle el relato que hice, voy a subirlo:
El grupo de gente estaba alrededor de las tres hamacas, con una de ellas moviéndose sola en la plaza sin viento. Con miradas sorprendidas, algunas escépticas, pero todas fijadas en la hamaca.
No había viento, no había nadie cerca que la empujase, la hamaca se estaba moviendo sola. Y nadie se atrevía a acercarse. Solo podían quedarse allí, parados, observando. Sin tener respuesta a que era. Todos menos dos.
- ¿Qué opinas? ¿Vengativo o perdido? – pregunta en voz baja la mujer de cabello castaño y largo, con una bolsa de viaje en el hombro, rodeada de varias personas, sin hablarle a nadie en particular.
- Perdido. No siento desprecio provenir de él. Probablemente ni sepa que esta muerto – dice una voz que solo ella puede escuchar - Podría…
- no es necesario – le asegura, sonriendo – Puedo encargarme de esto yo sola. Solo esperemos que se vaya el público.
Minutos pasan, horas pasan, y el publico variaba con el paso del tiempo, todos viendo a la hamaca que no paraba de moverse. Algunos llevaban velas, otros rezaban. Pero nadie se acercaba.
No fue hasta llegada la noche que estaban solos. Ni una persona, salvo la mujer, estaban en la plaza.
- Quédate aquí – le dice a su compañero, dejando su bolsa en el suelo y acercándose.
Parada junto a la hamaca, la mujer levanta una mano, sonriendo.
- Hola – saluda.
La hamaca se detiene. Sentada en esta, la transparente figura de un niño la estaba observando fijamente, una figura que otras personas no podían ver, o que verla les aterraría, pero que a ella no le afectaba. La mujer señala la hamaca junto a la del niño.
- ¿Esta ocupada? – pregunta, amistosamente. El niño niega con la cabeza, estaba nervioso.
Se sienta en la hamaca, agarrando las cadenas fuertemente con ambas manos.
- ¿Vienes mucho por aquí? – pregunta, en tono amistoso.
- …Mis padres me dijeron que no hablase con desconocidos…
- Buen consejo – aprueba la mujer – pero eso es fácil de remediar. Me llamo Yja. Soy una nómada que esta de paso en esta ciudad.
- ¿Nómada? – pregunta el niño, confundido-
Yja asiente.
- Significa que viajo por todo el mundo, conociendo diferentes lugares y diferente gente. ¿Ves? Ahora no soy una desconocida.
- … ¿no estas asustada? – pregunta el niño, con la cabeza agachada.
- ¿Por qué iba a estarlo?
- No lo se…la gente que pasa por aquí parece asustada. No sé por qué.
- La gente es rara – le asegura – o quizás yo sea la rara. No lo sé. Solo sé que no tengo miedo. ¿Tu me tienes miedo?
El niño se apresura a negar con la cabeza.
- Entonces supongo que ambos somos raros – le sonríe a la figura transparente. El niño sonríe.
- ¿Dónde están tus padres? – finalmente le pregunta.
- No lo se…los estoy esperando.
- ¿Estas perdido?
- No recuerdo…
- ¿Cuanto llevas esperando?
- …No recuerdo…
Yja guarda silencio por un minuto, viendo fijamente el fantasma del niño antes de hacerle otra pregunta.
- …que ed… - se detiene a mitad de frase, pensando de nuevo su pregunta -¿Cuantos…años cumpliste en tu ultimo cumpleaños? – le pregunta.
- …7…
Yja suspira.
- Solo 7… - dice por lo bajo, con tristeza en su voz.
- ¿pasa algo? - Pregunta el niño.
- No, nada. ¿Recuerdas la última vez que viste a tus padres?
El espíritu niega con la cabeza.
- No pasa nada, yo apenas puedo recordar quienes eran mis padres – le asegura – pero dime ¿te gustaría volver a ver a tus padres?
Al escuchar esto, el fantasma la ve fijamente, con ojos incrédulos.
- ¿Usted sabe donde están? – le pregunta.
- Se donde puedes encontrarlos – explica - Es un lugar maravilloso al que todos van en su momento…pero necesito que estés decidido de que quieres ir.
- ¿Voy a poder ver a mis padres?
Yja sonríe.
- Te lo garantizo.
- de acuerdo – accede el chico, emocionado.
- bien, ahora, cierra los ojos.
El fantasma obedece. Cerrando lo que uno podría decir que eran sus ojos. Mientras que la mujer acercaba su mano a su boca.
Susurra unas palabras ininteligibles mientras que sopla sobre su palma. Parecía un cantico. Un cantico triste. A continuación, la mujer acerca su palma a la figura transparente.
La figura empieza a brillar a medida que la palma se acerca. El viento parece alterarse. La plantas parecen despertarse. Y el niño está asustado.
- ¿Señora? ¿Qué está pasando?
- No es nada, solo relájate. Ya casi termina.
El brillo alcanza su punto máximo, alumbrando la oscura noche, a la vez que el niño empieza a desvanecerse.
- ¿Señora? ¿Qué está pasando? Me siento……bien… - dice el niño, cuando casi había terminado de desvanecerse.
- Me alegro – sonríe la mujer – saluda a tus padres de mi parte cuando los veas. Adiós.
- Gracias…
El brillo desparece a la vez que el niño termina de desvanecerse. Con la hamaca como único recuerdo de él.
- ¿Crees que va a reunirse con sus padres? – pregunta su compañero.
- Quien sabe. Puede que ya se hayan reunido, o puede que tenga que esperar un poco más. Lo importante es que van a reunirse cuando el momento llegue – le contesta, levantando la cabeza al cielo nocturno – Pase lo que pase, solo le deseo paz.
- También podría pasar ya sabes que – le señala.
- Prefiero creer en lo otro, Pyk – le contesta, levantando su bolsa de viaje del suelo – pero eso no importa ahora, escuche que el pueblo al sur de aquí hay un lugar con buen fiambre. Si empezamos a caminar, puede que lleguemos para el mediodía.
- Te sigo – le dice el llamado Pyk, tras tocar la hamaca vacía. Volando tras de ella.
Y así, la mujer empieza a caminar, con su invisible compañero acompañándola, dejando atrás la plaza y las 3 hamacas. Pacificas. Inmóviles en la noche sin viento. Sin una sola alma en toda la plaza. Caminando sin mirar atrás. Solo pensando en la siguiente parada. Y la parada después de esta. Y la hamaca que antes poseía el espíritu del joven, ahora tenía encima una pluma, de un color místico y cálido, que la gente normal no podía ver, y que para la mañana siguiente iba a desaparecer.
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